• Father Martin

We cannot be the same. We must learn from our mistakes.

What good things can we find in the midst of a health emergency? Thousands of people are dying, the tendency to suicide is increasing, the calls for help for anxiety, high levels of stress and depression, panic purchases, is the result of the quarantine by COVID-19. In the previous bulletin I had already anticipated some positive aspects of this situation in terms of nature, now we are going to analyze what is possibly positive for the human being.

All of the above that I have mentioned is a sign that the human being lacks something to be happy. Unlike pets, human beings are not designed to be locked in "a cage", they are designed to live in society. Many have discovered or revalued their spiritual dimension, they want to be present at Eucharistic celebrations, they want to be at work or in schools. The human being before this emergency, walked through natural parks, had fun in amusement parks, in cinemas, casinos, etc. Today we cannot have this and that stresses us, depresses us and is a sign of that these things that we used to do are not helping us to live with dignity.

Many have not wanted to get closer to God and now they feel lonely, desperate and depressed. If many have tasted of all the things the world has to offer, why not take the risk now to cultivate your spiritual dimension? It is urgent that we recognize that what the world offers us is not the center of our lives, that we have deified material things and they have become a false oxygen that is drowning many people. Instead, there are many people who, being locked up, bear this situation more, act with faith and do not have that uncontrollable despair that many have.

So we cannot be the same after this pandemic. We have to do something to avoid falling into the same mistakes again. It is necessary to learn from these events to know how to act in the face of a new contingency. Let us learn to build our house on firm rock, so that when the rain falls, the torrents arrive, the winds blow and the house hits, it is not destroyed ... Cf. Mt 7:25-26.



No podemos ser los mismos. Debemos aprender de nuestros errores.

¿Qué cosas buenas podemos encontrar en medio de una emergencia sanitaria? Miles de personas están muriendo, la tendencia al suicidio va en aumento, las llamadas de auxilio por ansiedad, altos niveles de estrés y depresión, compras de pánico, es el resultado de la cuarentena por el COVID-19. En el boletín anterior ya había adelantado algunos aspectos positivos de esta situación en cuanto a la naturaleza se refiere, ahora vamos a analizar lo posiblemente positivo para el ser humano.

Todo lo anterior que he mencionado, es un signo de que al ser humano le falta algo para ser feliz. A diferencia de las mascotas, el ser humano no está diseñado para estar encerrado en “una jaula", está diseñado para vivir en sociedad. Muchos han descubierto o revalorado su dimensión espiritual, desea estar presente en las celebraciones eucarísticas, desea estar en el trabajo o en las escuelas. El ser humano antes de esta emergencia, paseaba por parques naturales, se divertía en los parques de diversiones, en los cines, casinos, etc. Hoy no pude hacer esto y eso lo estresa, lo deprime y es signo de que estas cosas que antes hacía, no le están sirviendo para vivir dignamente.

Muchos no han querido acercarse a Dios y ahora se sientes solos, desesperados y en depresión. Si muchos han probado de todas las cosas que el mundo les ofrece ¿por qué no se arriesga ahora por cultivar su dimensión espiritual? Es urgente que reconozcamos que lo que nos ofrece el mundo no es el centro de nuestra vida, que hemos endiosado a las cosas materiales y se han convertido en un falso oxígeno que está ahogando a muchas personas. En cambio, existen muchas personas que, estando encerradas, soportan más esta situación, actúan con fe y no tienen esa desesperación incontrolable que muchos tienen.

Por eso, no podemos ser los mismos después de esta pandemia. Tenemos que hacer algo para no volver a caer en los mismos errores. Es necesario aprender de estos acontecimientos para saber actuar ante una nueva contingencia. Aprendamos a construir nuestra casa en roca firme, para que cuando caiga la lluvia, lleguen los torrentes, soplen los vientos y golpeen la casa, no se destruya... Cfr. Mt 7, 25-26.

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